Con independencia del modelo que se utilice, los consultores pueden ser “externos” a la organización, que es el caso más generalizado cuando se desea aplicar enfoques o técnicas sobre los cuales la organización no cuenta con especialistas; o internos, cuando se utilizan directivos o especialistas de la propia organización.
Entre las ventajas de los “consultores externos” se señalan que: es independiente, tiene un juicio “fresco, imparcial y no comprometido” con los problemas de la organización, maneja experiencias de otras organizaciones, puede tener más credibilidad que miembros de la organización.
Entre las desventajas están que: no conoce la estructura, la cultura organizacional ni la empresa, por tanto, debe emplear algún tiempo en familiarizarse con el medio, aunque nunca conocerá la organización como los que “viven” en ella.
En el caso de los “consultores internos” entre sus ventajas se encuentran que: conocen la estructura, las personas y los procedimientos, esta “disponible” todo el tiempo, es un especialista en algún área de la empresa, conoce los problemas a fondo.
Entre las desventajas se encuentran que: se le considera de la “familia” y, por tanto, puede tener menos credibilidad y autoridad que un externo, puede influenciarse por la “historia” y prejuicios sobre procesos y personas, no puede aportar experiencias de otros lugares.
Algunos principios éticos y criterios de trabajo.
El trabajo de un consultor, sobre todo si es externo, es complejo, se integra en un medio que no conoce y en el que no es conocido. Por tanto, entre las primeras cosas que debe lograr es ganarse la confianza de los miembros de la organización.
En esto juegan un papel importante, el comportamiento ético que asuma y la forma en que se relacione con los miembros de la organización. Algunas de las sugerencias que hacen diferentes especialistas son las siguientes.
- Mostrar modestia y respeto por los criterios de los miembros de la organización.
- Trabajar con organización y disciplina.
- Evitar el enfrentamiento con el personal de la empresa, actuar como mediador en el manejo de conflictos que se presenten, o identifiquen, durante el proceso de consultoría.
- Tener capacidad y paciencia para escuchar los argumentos del personal de la organización.
- Garantizar absoluta confidencialidad en el manejo de la información que llegue a conocer, o se genere, durante el proceso de consultoría. Las experiencias que conozca de otras empresas, que puedan resultar útiles, debe manejarlas de manera que no se pueda identificar su procedencia.
- Capacitar a los miembros de la organización en los conocimientos y habilidades que resulten necesarias y esté en posibilidades de transmitirles. Además de ser un “facilitador”, el consultor debe sentirse y actuar como un formador.
- Procurar que las propuestas de solución “salgan” de los miembros de la organización, generar la sinergia y seguridad suficientes para que se sientan que “ellos pueden llegar a resolver sus problemas”.